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sábado, 30 de junio de 2012

¡Qué figuras! III - Amar Mahant


Hay de todo en la viña del Señor, eso, es innegable, y más cuando me topo con noticias como estas que hacen que me pase días y días riendo a carcajada limpia. Ojo al figura que os traigo hoy.

Amar Mahant es un señor indio (de los que tienen plumas no, de los otros, de los de Indialandia) que un buen día se despertó y pensó: “Oye, pues hoy voy a levantar el brazo para honrar al dios Shiva, que me parece que no tengo que hacer”. Y allá que se puso, brazo en alto. Al principio se pararon muchos taxis y cada vez que iba a un bar, el camarero se volvía loco. Pero luego se fue acostumbrando, la gente pasaba ya de él. Con el tiempo, aquello atrajo la atención de muchos curiosos, que pusieron en un compromiso al buen hombre. Vamos, que a lo tonto a lo tonto, lleva el pobre 38 años con el brazo derecho levantado. Sí, sí, como os lo cuento. Él dice que lo hizo para abandonar la vida material que llevaba y entregarse a la admiración y devoción del dios hindú de la destrucción, mejor conocido como Shiva (que no “chiva”, cuidadito con meterse con este, que tiene seis brazos y pega las hostias de tres en tres). PUES YO NO ME LO CREO. Así que he puesto mi cabeza a funcionar y a darle vueltas al “porqué”, el motivo que lleva a un hombre a tener el brazico ahí, estirado durante casi cuatro décadas, ocho lustros. Puede ser que Amar (sí, lo llamo Amar porque ya hay confianza) viese un burro volando, lo señalase para que los demás mirasen, y, como ya nadie cae en esas cosas, pues se enfadó y dejó el brazo así en señal de protesta. Puede ser que se estirase y se le quedase el brazo encajado. Puede ser que fuese un nazi apasionado que no se enteró de que Hitler murió en 1945 (porque...murió, ¿no?). Puede ser que, como Barney Stinson, fuese a chocar los cinco con alguien, pero pasaron de él, y en señal de protesta no lo bajó (si fue así, ¡vaya amigos más cabrones!).
Fuera como fuese, a Amar ya solo le queda un trozo de carne y hueso, acoplado al cuerpo, con unas uñas tope asquerosas, porque claro, ¿cómo vas a cortarte las uñas si no llegas? Que digo yo, tener el brazo levantado e inmóvil tiene que ser tela de incómodo, ¿no? Para cruzar una puerta, para tocar el piano, para cocinar... Pero tiene sus ventajas, si quieres rascarle el cuello a una jirafa ya tienes el brazo ahí preparado. Oye, nunca se sabe, cosas peores he visto.

martes, 8 de mayo de 2012

¡Qué figuras! II - Shavarsh Karapetyan


Shavarsh Vladimirovich Karapetyan (que en español se pronuncia “El ruso ese”) es un nadador soviético, pero no un nadador de esos aburridos con bañador, gafitas y gorro, no no, es un nadador con aletas, una modalidad en la que los nadadores llevan una aleta muy grande en los pies, para impulsarse mejor (yo lo llamo Síndrome Sirenita). Bueno eso, que es un bicharraco, ha sido campeón mundial de natación 17 veces, 13 veces campeón europeo, y 7 de la USSR, además ha batido el récord de natación con aletas 11 veces. Hasta ahí, más o menos normal. Pero resulta que un día estaba el muchacho entrenando al lado de un lago haciendo su entrenamiento diario de 20 kilómetros cuando un trolebús (un autobús con cables) cayó al lago fuera de control. Él se lanzó al agua, a pesar de que estaba helada, y buceó dentro del agua con cero visibilidad, rompió los cristales del trolebús con sus piernas y comenzó a sacar gente, llevándola hasta la superficie. Sacó a casi la mitad de la gente que había dentro, pero sólo sobrevivieron 20. Las bajas temperaturas, las heridas causadas por los cristales, y las sustancias que ingirió durante su heroica acción le valieron el fin de su carrera como nadador con aletas, ya que estuvo 45 días en coma y desarrolló problemas de pulmones. Años después, fundó una zapatería en Moscú bajo el nombre de “Second Breath” (Segundo Aliento), un guasón el Shavarsh este...
A todo esto, yo me hago la siguiente pregunta: si un trolebús se estrellase en un lago delante nuestra, ¿cuántos seríamos capaces de tirarnos al agua, bucear, romper los cristales con las piernas (que ya hay que tener una piernas fuertes, ¿eh?), y salvar a la gente que iba dentro? Porque aquí vamos todos de superbuena gente pero yo sería el primero en quedarme allí de pie chillando, pidiendo auxilio y chillando más fuerte. Porque yo sé que si me tiro al agua, lo mucho que podré hacer es ir nadando hasta el sitio donde se ha hundido el trolebús y chapotear un poco.  Quizás fue el destino el que quiso que un nadador con aletas estuviese allí, o quizás fue casualidad. Y con todo esto, hay poca información en Internet sobre Sharvarsh, pero ¡si ni siquiera tiene un artículo en español en la Wikipedia! Mientras tanto, superhéroes con poderes acaparan las carteleras, con precuelas, secuelas y demás cuelas. Confiemos en que historias como la de Shavarsh no caigan en el olvido y obtengan el reconocimiento que se merecen, el de héroes modernos con aletas.



martes, 14 de febrero de 2012

¡Qué figuras! I - Pitágoras

¿Qué pensáis que pueden tener en común Adolfito Hitler y Pitágoras? A voz de pronto puede parecer que poco o nada. Pues bien, ambos compartían un profundo odio hacia las judías: Adolfito hacia las personas, y Pitágoras hacia las que se comen (si no encuentras la diferencia, tienes un grave problema de canibalismo). El famoso filósofo y matemático creó allá por el siglo VI a.C. una hermandad, que ahora llamaríamos secta, de carácter filosófico y religioso. Uno de los “requisitos” para entrar en esta academia era la de no comer judías, pues Pitágoras les profesaba un odio terrible, y las excluyó de la dieta de sus discípulos, cual perro del hortelano. La academia logró un gran reconocimiento y prestigio, aunque también adquirió fama de sosa, aburrida, austera y sosegada. Los crotones, que son de Crota, que era donde estaba la academia, decidieron al cabo del tiempo que Pitágoras era caca y que no querían gente aburrida en la ciudad porque ellos eran muy alegres y fiesteros (¿tendrían antepasados españoles?), así que se abalanzaron sobre los que allí vivían dispuestos a cortar cuellos. Algunos escaparon, como el maestro, que hizo, lo que ahora se llama, un Schettino, y cuando vio caer a toda esa gente furiosa, seguramente armados con antorchas y rastrillos del jardín, debió de pensar: “Tonto el último”. Y allá que salió el octogenario varón en camisón a dar un paseo por los montes del sur de Italia bajo una encantadora noche de luna llena. Pero hubo algo que no había imaginado: su camino lo cortaba un cultivo de judías. ¡Bendita ironía del destino! Cualquiera se hubiera tragado el orgullo y se hubiese metido entre las matas más rápido que decir amén, pero el filósofo debía ser realmente cabezón y testarudo para quedarse allí plantado y dejarse coger por sus convecinos, que acabaron con una de las mentes más maravillosas que ha dado Grecia, tierra de filósofos.